Gerardo era tan pero tan bueno que estaba solo. Era tan pero tan bondadoso que nadie lo aceptaba. Es que, para ser querido en estos tiempos, tenés que ser un hijo de puta.
Si sos bueno, te pasan por encima. Si sos educado, te boludean.
Y si sos malo te persiguen, porque les gusta sufrir, porque a nadie le gustan las cosas fáciles; entonces se meten con gente que hace mal, que trata mal, que vive mal.
Comienzo de un futuro cuento. Para no perderlo, lo deposito acá.
te quiero amiga
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