Justo que iba ilusionada, sintiéndome bien de una vez por todas. Queriéndome, creando, distraída, o quizás abstraída, pensando lo bien que me estaba yendo.
Y, como sucede de vez en cuando, aparece el fantasma del amor vestido del fantasma del desamor y modifica todo.
El fantasma del (des)amor se viste de personas con nombre, personalidad, gustos y afectos. Pero siempre es el mismo. El que uno crea y busca y cree que encuentra, cuando siente amor o desamor.
Justo que creía que pensaba en vos, y en realidad me quería a mi en otro escenario. En uno con abrazos, o besos, o en uno con abrazos y besos, que a veces es mejor.
Enamorarse es involucrar a otra persona con tu amor. Dedicación y también toque de queda.
Y en un universo abstracto, el otro se enamora de vos y todo tiene más sentido, más dirección. Más. Suma. Sumar.
Justo que pensaba en vos, el desamor me mostró una foto del amor sumado de dos que no son yo pero uno supo serlo.
28.10.14
26.10.14
Pablo Ramos
-Che, ¿cómo hiciste para abrir la puerta? -le preguntó.
-Con una llave -contestó la Rata, y sacó un juego de llaves del bolsillo-; las encontré en el piso.
Me levanté dispuesto a matarlo, pero cuando lo miré a los ojos no pude decirle nada. Es que la Rata siempre estaba en la luna. Le arranqué las llaves de un tirón.
-Qué -preguntó él sorprendido.
-Lo único que se te ocurre decir es qué; no ves que nos estamos matando para abrir la puerta -dijo Percha, que estaba sentado en el piso y era el único que hasta ahora no había hecho nada.
En el manojo había como veinte llaves y en la puerta tres cerraduras. Probé una por una y mis amigos festejaron cada acierto con gritos. Por fin, logré girar las tres. Bajé el picaporte y todos hicieron silencio. La puerta cedió pesadamente. Chirriando. De la oscuridad de la cueva nos llegó el olor frío y húmedo de lo que, en ese momento sentí, podía llegar a ser nuestro sepulcro.
Pablo Ramos, "El origen de la tristeza"
2004, 2da edición, Buenos Aires, Argentina
Syd
Tardé mucho en configurar la cuenta para poder volver a escribir. Quizás fue un castigo por abandonar mis pensamientos hechos tinta virtual.
Me canso de escuchar siempre lo mismo. No quiero guardar la ropa en cajones, ni adentro del placard. la quiero siempre a mano, ver los colores, reconocer sus fallas también -por el uso o el mal corte.
Quiero que mi placard sean estantes en la pared, estantes de colores y formas distintas.
Porque encerrar la ropa es encerrarse uno mismo. Es más lindo soltar y ver qué pasa.
Quiero borrar todo lo que escribí y empezar de nuevo, como muchas otras veces en muchas otras cosas en mi vida. Pero si borramos, si no releemos de vez en cuando, es más complicado corregir lo que no nos gusta de nosotros.
Syd Barrett me da ganas de balancearme en la silla en la que estoy sentada, moverme para adelante y para atrás mientras escribo y un poco más rápido y cada vez más rápido y también me da ganas de golpearme la cabeza ¡PUM! contra el teclado y quedar en ese estado de abstracción donde ya no importa nada. Como despertar de la siesta y estar en ese limbo onírico y fantástico, que es casi como la reencarnación.
Me gustan las mayúsculas y las minúsculas. Todas tienen su encanto.
Me canso de escuchar siempre lo mismo. No quiero guardar la ropa en cajones, ni adentro del placard. la quiero siempre a mano, ver los colores, reconocer sus fallas también -por el uso o el mal corte.
Quiero que mi placard sean estantes en la pared, estantes de colores y formas distintas.
Porque encerrar la ropa es encerrarse uno mismo. Es más lindo soltar y ver qué pasa.
Quiero borrar todo lo que escribí y empezar de nuevo, como muchas otras veces en muchas otras cosas en mi vida. Pero si borramos, si no releemos de vez en cuando, es más complicado corregir lo que no nos gusta de nosotros.
Syd Barrett me da ganas de balancearme en la silla en la que estoy sentada, moverme para adelante y para atrás mientras escribo y un poco más rápido y cada vez más rápido y también me da ganas de golpearme la cabeza ¡PUM! contra el teclado y quedar en ese estado de abstracción donde ya no importa nada. Como despertar de la siesta y estar en ese limbo onírico y fantástico, que es casi como la reencarnación.
Me gustan las mayúsculas y las minúsculas. Todas tienen su encanto.
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