Si, me estoy enfermando. Cuanto más me gusta, más me preocupa.
Me envuelve, me marea, me exige, se lava las manos con jabón de libertad y se seca las lágrimas con papel de indiferencia. Y nada le alcanza. Y sin embargo se conforma.
¿Es sólo por los cuatro -asumo que ahora más- vasos de cerveza que me contesta así? Me gustaría llamarlo, me encantaría escucharlo, ver que me dice. Porque un mensaje de texto se mastica, se piensa. Pero una llamada no.
Me dice que no me preocupe, ¿cómo podría no hacerlo?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario