30.7.16

16/07/2016 4:12

Había una vez un toro, que siempre tenía sed, entonces buscaba lugares donde saciarla. Un día, el toro se encontró con un lago colorado. El lago era hermoso, con relieves montañosos y ojos café preciosos, como nunca los había visto. Cuando se acercó al lago a beber agua, el toro vio por debajo de la misma a una sirena. La sirena era la más hermosa de todo el campo, tenía las tetas grandes, la cola suave, y la boca... la boca eran dos ríos de sangre, y por la misma corrían las ganas que la sirena tenía de fundirse en un abrazo con el toro, y lo hicieron.
Cuando la sirena y el toro se juntaron eran como un fuego, como una chispa que se hacía fuego y la sirena le prometió que siempre que él quisiera, se podían transformar en ese fuego, porque no había nada que le gustara tanto. El pobre toro le creyó y así pasaron las semanas. El toro llegaba al lago donde la sirena lo esperaba y en el momento en que se veían se hacían chispa y fuego pero un día sin luna un día sin luna el toro se acercó a orillas del lago, pero la sirena no estaba.
Les preguntó a los peces del lago que es lo que había pasado, y una mojarrita le supo responder que la sirena estaba encerrada en el reino cuidando de una perla que se estaba poniendo opaca. El toro sin pensarlo tomo aire y se metió en el agua y nadó hasta las profundidades del lago donde estaba ese reino. Cuando llegó le grito a la sirena, le gritó que no quería más esto, que necesitaba hacerse fuego... pero la sirena le tuvo que decir que no, para ella la perla era más importante (y mucha razón tenía porque la perla le daba vida a la sirena y al reino entero).
Pero el toro no supo entender y espero afuera del reino hasta que eso pasara. Las horas pasaron y nada, y por más que la sirena quisiera no podía separarse de la perla. Entonces el toro se ahogó, y quedó hecho piedra para toda la eternidad.
Fin

pati caliente

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